Nancy, fue la muñeca de mi infancia, con ella pasé horas de juegos e ilusiones, soñando que sería de mayor. Mis recuerdos me trasladan a mi habitación, donde en un pequeño hueco detrás de la puerta, dejaba volar mi imaginación. Solo tuve dos; una rubia y una pelirroja, un par de conjuntos y poco más, aun así, era la niña más feliz del mundo. No las conservo, no recuerdo que pasó con ellas, pero hace años, una rubia pecosa, me revolvió por dentro mis recuerdos y se vino a casa conmigo.